Este artículo analiza el papel que ha asumido China en las Conferencias de las Partes (COP) sobre cambio climático, poniendo en evidencia las tensiones entre su liderazgo tecnológico en energías renovables y los impactos socioambientales de los megaproyectos que impulsa dentro y fuera de su territorio. A partir de testimonios de representantes indígenas presentes en la COP de los Pueblos, así como de investigaciones académicas, reportes de organizaciones sociales y periodismo ambiental, el texto examina cómo China ha ocupado un lugar central en el debate climático global, enparte por el vacío dejado por Estados Unidos, sin asumir compromisos financieros proporcionales a su peso económico y ambiental.
El caso del megapuerto de Chancay, en Perú, sirve
para mostrar cómo infraestructuras presentadas
como parte de la transición energética pueden activar corredores extractivos que amenazan la Amazonía, los territorios indígenas y los ecosistemas costeros, incluso antes de que estos proyectos entren plenamente en operación. El artículo sostiene que la opacidad en la información ambiental y en los
procesos de toma de decisiones no es un problema
aislado, sino un riesgo no resuelto en el modelo de
megaproyectos de China en la Amazonía. En el debate sobre el puerto e Chancay y de la ruta transamazónica desde Brasil se plantea, entre otros, que inversiones que profundizan el extractivismo y debilitan la justicia territorial no puede considerarse una respuesta real a la crisis climática.






