
Con “el Paisa” Javier Múnera en la región del río Pato.
Fallecido el 11 de enero de 2019, en Natagaima – Tolima. Lo recordamos
Con Javier Múnera participamos, en la región del rio Pato, en la creación de la primera Zona de Reserva Campesina en Colombia.
El Incora -hoy Agencia Nacional de Tierras-, en el proceso de socialización de esta figura y de formulación de su primer “Plan de Desarrollo”, contrató en 1997 a la Corporación Unidades Democráticas para el Desarrollo, Ceudes, dirigida por Javier (González D. 2003).
La historia que conocimos, documental y de relatos orales de pobladores, niega la tesis, muy difundida en el país, sobre el origen de esta región como “colonización armada” y afirma la tesis de la colonización como búsqueda de paz. Donde muchos nombres de los primeros asentamientos, luego llamados “veredas”, reflejan esa decisión de vida: La Paz, La Esperanza, Miravalle, Vista Hermosa, Cristo Rey y tantos otros… La llegada de la organización armada es posterior a los asentamientos de los colonos fundadores. Se ofrece enseguida un resumen de esta historia.
Referencias:
– Briñez Gustavo. Historia del Pato. Mimeógrafo, 1989.
– González Posso Darío (mayo de 2003), Zonas de Reserva Campesina. ¿Alternativas para el control comunitario del territorio? https://semillas.org.co/es/zonas-de-reserva-campesina-alternativas-para-el-control-comunitario-del-territorio [Artículo, resumen, basado en el informe de la participación mencionada].
– Múnera Javier. Gestión Participativa en la ordenación forestal del área de colonización de la subcuenca del Río Pato, CEUDES, septiembre de 1997.

Elaboró: CEUDES, con base en imagen de satélite.
El Pato: punto estratégico de acceso a la Amazonia
La denominada “Región del Rio Pato y Valle de Balsillas”, o simplemente “Región del Pato”, pertenece en su totalidad al Municipio de San Vicente del Caguán. Está situada en la esquina noroccidental del Departamento del Caquetá, en la Amazonia colombiana. Antes de atravesar el límite departamental es decir aun en territorio del Huila, se recorre desde Neiva una estrecha vía que luego sube paralela al río Las Ceibas, con un paisaje árido, pedregoso y con escasa vegetación. Pero al pasar la “divisoria de aguas” (línea roja en el mapa), entre la cuenca del Río Magdalena y la cuenca amazónica y entrar al Valle de Balsillas, el paisaje cambia de manera radical. En apenas un par de minutos, al transitar de la cuenca del Magdalena a la del Amazonas, del Departamento del Huila al del Caquetá, se pasa de ese paisaje duro al verde intenso de un valle húmedo, el Valle del río Balsillas, un altiplano de origen lacustre, con más de 3.000 mm de precipitación anual, 18 kilómetros de largo y en promedio cuatro de ancho, a 2.100 metros sobre el nivel del mar.
Para entrar al Valle del rio Balsillas, principal afluente de la parte alta del río Pato es necesario atravesar la Cordillera Oriental hacia su vertiente amazónica por uno de sus puntos más bajos, a 2.200 metros sobre el nivel del mar, el paso más fácil para descender hacia la región, por lo cual es un punto estratégico, la mejor “puerta” de entrada y salida de la Amazonia.
Resumen histórico de la configuración regional de El Pato
El Pato tiene historia. Su nombre es emblemático de las luchas campesinas de la Colombia del Siglo XX. En los años 60 el gobierno le declara la guerra calificándola, como a Marquetalia, Guayabero y Río Chiquito, “República independiente”, intolerable desde la teoría de “seguridad” dictada por el Pentágono, centro del poder militar de los Estados Unidos. De esta historia hablamos en diferentes momentos con colonos y dirigentes comunales, con quienes en largas caminadas, de sol a sol, recorrimos la región.
La crónica del maestro Briñez (resumen)
Otra fuente esencial es la “Historia del Pato”, de Gustavo Briñez: la región fue recorrida y trabajada a comienzos del siglo XX por quineros, caucheros y tigreros. Se pueden ver todavía las trochas que estos dejaron y que aún se siguen caminando, de Guayabal a Vegalarga en el Huila, pasando por la Vereda San Jorge, de Guacamayas a Guayabal, por el resguardo de Altamira, de Guacamayas a San Vicente, bordeando el Río Caguán.
Pero el gran obstáculo fue la hacienda ganadera en Balsillas (al principio hubo solo una), que impedía el paso de los quineros y caucheros por su territorio, obligando la entrada a El Pato por el camino de Vegalarga, un camino muy difícil. Por esto hubo un pleito presentado por los colonos de la región que recibió el apoyo del Ministerio de Industria en el año de 1933. Los colonos ganaron esa pelea y se estableció que los terrenos de la hacienda estaban sujetos a las servidumbres de tránsitopara el acceso, ocupación y cultivo de los baldíos situados al sureste del Valle de Balsillas (Ministerio de Industria. Resolución #12, 22 de febrero 1933).
La trocha original fue construida por la Compañía Herrera y Uribe en 1895, como relata el maestro Gustavo Briñez en su historia de la región. En los años 30 la hacienda Balsillas, propiedad de don Ricardo Perdomo, tenía ya 2.000 hectáreas en pastos y 2.000 cabezas de ganado (una por hectárea); era dueña de las dos vías de acceso, a Neiva y a Campoalegre; y era considerada como “la mejor hacienda del país” por el Intendente del Caquetá, dice Brinez. Después de resuelta la pelea del camino fueron establecidas relaciones comerciales entre los colonos y la hacienda: los colonos llevaban plátano y yuca, que en la parte alta no se podían producir y la hacienda les suministraba a ellos jabón, azúcar, velas y sal.
Según algunas versiones este sería el verdadero inicio de la colonización, pero no hay que olvidar que primero llegaron al Valle de Balsillas los indios de San Bartolo, a quienes Ricardo Perdomo en los años veinte les compró las “mejoras”. Estos indios eran trabajadores de las haciendas de Perdomo en el Huila. En domingos y días de fiesta llegaban a Balsillas, supuestamente a cazar y a pescar, lo que llenaba de curiosidad al señor Perdono, quien un día se decidió a venir y entonces se encontró con este Valle tan hermoso, donde seguramente hubo hace miles de años una laguna. Por cierto, un altiplano como es también el Valle de Sibundoy, casos únicos en la Amazonia colombiana. En los años 20 e incluso 30, se sacó con bueyes mucha madera de cedro de los alrededores de Balsillas, ahora ya no quedan sino algunas raíces enterradas que son utilizadas como leña para cocinar.
Los años 30, después del pleito del camino, representan el verdadero inicio de la colonización. En ese momento, había alrededor de 50 familias en El Pato. En 1949 la Caja Agraria se vinculó a la región con crédito para 300 familias asentadas en la zona. Por todo esto, es falsa la versión de la “colonización armada en el Pato”. En los años 40, fue cuando más creció la colonización y cuando se fundaron las fincas de las actuales veredas Rovira, Pueblitos y San Luis del Oso, centro de la colonización por aquel entonces. Ese proceso fue acelerado en los años 50 con la llegada de las familias que venían en huida del Tolima y el Huila al inicio de “La Violencia”. Esto prueba la presencia de mucha gente establecida en la región desde antes de 1955, año en el cual ingresa la “Columna en Marcha” al mando del “Mayor Richard”, cuyo verdadero nombre era Alfonso Castañeda.
Richard llegó con unas veinte familias y se encontró aquí con una colonización ya establecida, que no se integra al proceso de “el hacha y el fusil”, aunque no se puede desconocer la gran influencia que esa lógica estableció en la región. La presencia guerrillera de los años 70 dejó su huella: en El Pato, cuenta Briñez, se fundó un movimiento agrario y de autodefensa, orientado por el mayor Richard, quién había desterrado de la región al grupo de los Liberales Limpios, comandados por Pacho Tafur, que se había dedicado a cometer actos de pillaje y bandolerismo. Richard estableció en el medio Pato un sindicato agrario, cuyos miembros eran elegidos en asamblea popular, organización en la cual actuaba Martín Camargo como asesor político. Se estableció un gobierno colectivista que administraba la justicia revolucionaria y dirigía los procesos de producción. La labor de educación la desempeñaban las compañeras de los dirigentes guerrilleros, quienes fueron posteriormente nombradas en propiedad por la Secretaría de Educación del Departamento del Huila.
Relatos orales de colonos
Luego se produjeron las ocupaciones militares en la región. Del año 1965 a 1972 y después entre 1980 y 1984, “la región permaneció casi abandonada, pues los campesinos preferimos dejar tiradas nuestras tierras por causa de la guerra del Ejercito contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, que hacía poco se habían constituido”.
La arremetida del Ejército contra Marquetalia fue iniciada en 1964, luego siguió contra El Pato en 1965. Venían para aniquilar, 4.000 soldados con apoyo aéreo. “Tuvimos que abandonar la región. Duramos tres meses huyendo por el monte perseguidos por el Ejército. Perdimos los hijos porque se nos murieron de hambre. Perdimos reses, burros, sementeras, todo”, recuerda uno de los colonos.
Según otro relato, “algunos colonos tan solo pudimos regresar en 1971 o 1972 y eso con un estudio minucioso de cada caso y con salvoconducto del Ejército”. De las 9.000 personas censadas en 1964, solo quedaban unas 890 en 1976. Este éxodo marca buena parte de los futuros frentes de la colonización en la Amazonia, pues “en todos se consigue gente que estuvo en El Pato”.
Hacia finales de los años 70, las FARC escogieron a El Pato como base de reagrupamiento. Esta situación desató en 1980 la segunda “campaña de exterminio”, según expresión del mismo General Camacho Leyva. El éxodo campesino estuvo mejor organizado en esta oportunidad y “llegamos marchando hasta Neiva donde permanecimos tres meses y negociamos el retorno…”
La organización social
El “Paisa” Múnera sintetiza el proceso organizativo así: “La organización local que se iniciara con la organización de los primeros fundadores, que demandó el derecho a la servidumbre del camino frente al propietario de la hacienda Balsillas, que se fortalece con el sindicato agrario, forma que toma la organización de los colonos en la época de la llamada “República Independiente”, el potente impulso a las Juntas de Acción Comunal en la época del General Matallana del Ejercito nacional, son fases de la misma organización social que ha seguido actuando hasta en los dos períodos de éxodo, de manera ininterrumpida ya por 67 años, caso muy especial en la historia de Colombia” (Múnera Javier,1997).
Por todas estas razones, el Pato es una región, con historia, protagonismo de actores sociales, proyectos y conflictos, sentido de pertenencia; con procesos organizativos de base que son su mejor conquista. Todas las veredas de El Pato cuentan con Juntas de Acción Comunal, organizaciones acatadas en la región. En el proceso de concertación con las instituciones del Sistema Nacional Ambiental (SINA), particularmente en el proceso de Ordenación Ambiental Territorial y Zonificación Forestal, cuenta Múnera en el documento antes citado, se constituyó la Asamblea de Presidentes de las Juntas de Acción Comunal como máximo organismo de decisión por parte de la comunidad. La asistencia a esta Asamblea se planteó abierta, con asistencia de más de 80 dirigentes comunitarios de toda la región, con voz y voto decisorio de los presidentes de juntas o sus delegados. Por las necesidades prácticas de seguimiento a los acuerdos logrados con las instituciones del SINA y en la ejecución de los proyectos, la Asamblea de presidentes eligió un Comité Coordinador de las Juntas de Acción Comunal, como mecanismo de representación de la comunidad entre Asamblea y Asamblea. Este fue un organismo con capacidad de gestión y con un liderazgo reconocido en la región y por todas las instituciones participantes en el proceso de concertación.
Hubo luego otros desarrollos. Entre otros, el cambio de la razón social del Comité Coordinador de las Juntas de Acción Comunal veredales y la creación de la Asociación de Colonos de El Pato Amcop.
Aquí no culmina este proceso, del cual hemos referido sólo algunos aspectos históricos de la construcción de la región, de los momentos iniciales de creación de la Zona de Reserva Campesina y de las potencialidades de esta figura para el control comunitario del territorio, según relatamos en varios documentos (véase por ejemplo: González D. 2003: https://semillas.org.co/es/zonas-de-reserva-campesina-alternativas-para-el-control-comunitario-del-territorio).
Darío González Posso, 18 de febrero de 2026







