Una guerra, híbrida, oculta, de baja intensidad, pero permanente, se viene llevando a cabo en varias partes de América Latina, y es potencialmente capaz de expandirse a más países. Híbrida, porque conjuga tácticas y estrategias, distintas formas de inteligencia, de lo legal y lo ilegal, porque mezcla las armas más modernas con inventos caseros que producen alta mortalidad civil, porque están llenas de acciones militares que no permiten identificar formas de guerra convencional con patrones antagónicos claramente estructurados, ni es fácil producir interpretaciones clásicas de la guerra convencional. Oculta, porque es dificil hasta seguirle el rastro en el conteo de muertos, masacres, desapariciónes, desplazamiento forzado y menos aún identificar de dónde provienen los recursos bélicos. Porque no hay tropas regulares a primera vista y lo más grave, no se logra precisar si existe objetivos y proyecto político detrás de estas guerras, aunque esta conferencia intentará probar que nada de esto es cierto, porque existen dos objetivos centrales de carácter imperialista: represión contrainsurgente y despojo territorial. Y de baja intensidad, porque ni siquiera son guerras declaradas entre contendientes que expresan una ideología o proyecto político y tampoco se emplean armas contemporáneas de gran calibre, en artillería, aviación y menos de marina, excepto los drones, que vienen de todos los tamaños y son la característica principal de las guerras modernas de alta intensidad. Estas guerras, de extraña y dificil caracterización, no paran de subir el tono y las desgracias humanas que produce toda guerra.
Por todo lo anterior, aunque el tema no hace parte propiamente del programa que nos reune hoy, si lo que venimos a conversar es de guerra y paz, estas guerras latinoamericanas impuestas por Estados Unidos no se pueden soslayar.
Colombia, México y Ecuador son los tres países que mejor objetivan estas formas de guerra. Pero también está presente en la mayor parte de los paises centroamericanos. Y Bolivia, se halla abiertamente en el preámbulo mayor de una guerra civil. Es una lástima que por razones de espacio y tiempo no se debatirá la condición crítica por la que atraviesa este país que también hace parte de la ruta de la cocaína.
Muchas gracias por su invitación.
¿Qué significa construir la paz cuando la guerra es también un negocio?
Quisiera comenzar con una pregunta que considero fundamental para nuestro tiempo:
¿Es posible construir la paz si no comprendemos las estructuras económicas que producen, reproducen y, en determinados contextos, se benefician de la guerra?
Durante décadas hemos estudiado las guerras como conflictos políticos, militares, territoriales o ideológicos.
Hemos estudiado también el narcotráfico como una actividad criminal.
Y hemos estudiado las finanzas internacionales como un ámbito relativamente separado de ambos fenómenos.
Mi propuesta es que debemos cambiar esta mirada.
No porque todas las guerras sean guerras por drogas, ni porque todas las instituciones financieras participen en actividades criminales. Pero sí, hay que decirlo: son muchas las instituciones financieras las que se benefician de las actividades criminales.
La tesis es más precisa:
Guerras, economías ilícitas y circuitos financieros pueden constituir un mismo sistema de poder cuando las estructuras militares, políticas y económicas permiten que la violencia produzca recursos, que esos recursos circulen y que, finalmente, puedan integrarse en circuitos legales de acumulación.
Éste es el problema que quiero abordar, con centralidad en América Latina.
Porque América Latina constituye un laboratorio histórico extraordinario para observar esta articulación.
Desde las dictaduras militares del Cono Sur hasta las guerras en Centroamérca; desde Colombia hasta México; desde la llamada “guerra contra las drogas” hasta los actuales debates sobre el fentanilo y seguridad hemisférica, encontramos una constante: la militarización no elimina necesariamente los mercados ilícitos; con frecuencia los transforma, los desplaza y modifica quién controla sus territorios, sus rutas y sus ganancias, pero el narcotrafico pervive.
Pero si queremos hablar seriamente de paz en este contexto, tenemos que hablar también de economía política. (seguir en el pdf)







