Colombia ha aprendido —a fuerza de dolor— a convivir con un lenguaje que normaliza la tragedia. Se habla de “hechos aislados”, de “disputas entre grupos”, de “situaciones de orden público”, como si la violencia fuera un fenómeno inevitable y no una estrategia que se decide, se ejecuta y se sostiene en el tiempo. En muchas regiones, la repetición de asesinatos selectivos, amenazas, reclutamiento forzado, confinamientos y desplazamientos se ha convertido en rutina. Pero hay escenarios en los que la explicación habitual se rompe: ya no estamos ante hechos dispersos, sino ante una política sostenida de destrucción:
Un genocidio…
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Director de Indepaz y del Observatorio de DD.HH. y Conflictividades de Indepaz. Investigador y tallerista sobre conflicto armado, DIH, justicia transicional, derechos étnicos, empresas y derechos humanos, impactos de empresas del sector extractivo y acompañamiento a comunidades en proceso de reasentamiento involuntario y consulta previa.
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