La ley del hidrogeno, Ecopetrol y las tensiones territoriales en la Guajira
En los últimos años, el hidrógeno ha pasado de ser una tecnología marginal a convertirse en una de las grandes promesas de la transición energética global. Gobiernos, organismos multilaterales y grandes empresas energéticas lo presentan como una solución capaz de contribuir a la descarbonización de sectores difíciles de electrificar, como la industria pesada, el transporte marítimo y la aviación (IEA, 2023; IRENA, 2022). En esa narrativa, el hidrógeno aparece como un vector capaz de articular nuevas cadenas industriales y comerciales, al tiempo que ofrece una salida tecnológica para sostener la continuidad de ciertas actividades económicas intensivas en energía.
Ese renovado interés no responde únicamente a objetivos climáticos. También se inscribe en transformaciones más amplias de la geopolítica de la energía. En un escenario marcado por tensiones internacionales, conflictos armados y preocupaciones crecientes por la seguridad energética — especialmente tras la guerra en Ucrania— varios países han comenzado a replantear sus estrategias energéticas. La transición energética se encuentra cada vez más entrelazada con debates sobre autonomía estratégica, competencia industrial y reposicionamiento geopolítico.







