El realismo fósil en la agenda Trump – Petro

por

Camilo Gonzalez Posso

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Camilo González Posso

Presidente de Indepaz

Bogotá. Marzo de 2026

Algo se ha conocido de lo que Petro le dijo a Trump sobre negocios de petróleo con Venezuela. Se sabe que el presidente de Ecopetrol tuvo oportunidad de decir en la famosa sala oval que Colombia está interesada en hacer fluir gas desde Maracaibo, energía eólica y solar desde La Guajira y comprar la empresa Monómeros Venezolanos que tiene sus instalaciones en Cartagena.

En la lógica de Trump este es un diálogo normal. Todo lo que tenga que ver con el petróleo de Venezuela y con sus activos en el exterior se tiene que hablar primero con Estados Unidos y tener el visto bueno del secretario Marco Rubio, recién nombrado autoridad suprema en el protectorado de Caracas. Después tendrá la palabra Deysi Rodríguez quien, según el nuevo libreto, se encargaría de la letra menuda y de los trámites de rigor.

El negocio del gas es urgente y al mismo tiempo difícil de concretar en pocos años. La demanda de gas viene creciendo en Colombia desde hace décadas y hoy es clave para la industria y el consumo de más de 8 millones de hogares. La sustitución de carbón por gas en las plantas de energía térmica ha tenido en este periodo un efecto positivo en precios y también en disminución de emisiones de gas carbónico, pero ante el freno de las exploraciones y la caída en hallazgos la brecha ha llevado a incrementar las importaciones que en 2025 llegaron al 20% del total de gas demandado. La perspectiva, si se mantiene la actual política, es que en los próximos años crezca la demanda de gas importado y al tiempo se escalen los precios.

Por esto el presidente de Ecopetrol se encargó de poner el tema en la agenda con Trump pues hoy las importaciones de gas proceden en 90% del fracking que hacen en Estado Unidos. Como no se quiere aumentar mucho la exploración y producción de gas en Colombia y la expectativa del pozo Sirius 2 es incierta y para después de 2032, se busca mantener el flujo desde Estados Unidos y reparar antes de 2030 el gasoducto Antonio Ricaute que desde Maracaibo pasa por La Guajira. La emisión neta de CO2 por consumo de gas, nacional más importado, se proyecta al alza y los precios también. Es menor el impacto si en lugar de gas se usara carbón, gasolina o diésel.  No es filosofía de Rafael Pombo, es realismo fósil que merece ser analizado teniendo en cuenta que las reservas de gas en Colombia están estancadas en 6 años con tendencia a la baja y que, según dicen los entendidos, Venezuela está más cerca que Estados Unidos.

Le corresponderá al gobierno que se instala el próximo 7 de agosto acabar de cuadrar esta negociación y organizar bien la matriz.  Venezuela tiene las reservas de gas más grandes en el subcontinente y una de las mayores en el mundo pero concretar la producción y hacer que fluya al exterior depende de las inversiones que autorice Marco Rubio y de lo que ocurra en ese experimento de recolonización. De manera y suerte, que en semejante incertidumbre y con proyección de aumento de precios del gas en Colombia en más del 80% hacia 2027, le corresponde a Colombia buscar y producir más gas y al mismo tiempo lograr un crecimiento del 300% de las energías renovables en el próximo cuatrienio, sin dejar caer la energía hidráulica.

Y esto tiene que ver con el otro negocio que fue mencionado en la conversación Petro – Trump el pasado 3 de febrero. El de la energía limpia para exportar a Venezuela, a todo el Caribe y, porque no, para algún día, si Dios quiere, sacar la energía fósil de la economía de los Estados Unidos. Es cierto que en La Guajira, y sus vecindades en el Caribe colombiano, se tiene un extraordinario potencial para producir más de 12GW de energía eólica y otro tanto en energía solar.

Sobre esto publique cifras y escenarios en un libro con el pomposo título Explosión Solar en Colombia. La realidad es que, si con los proyectos iniciados en 2005 se esperaba tener en 2024 parques eólicos con cerca de 6GW en producción, en la actualidad no hay ni siquiera uno en funcionamiento. En 15 años de malas prácticas no se han logrado superar los problemas técnicos, de interconexión, sociales y de consultas y ahora se agudizan los de orden público. Las multinacionales que se repartieron el territorio para montar los parques ahora están vendiendo sus avances y pululan los avivatos intentando meterle gato por liebre a Ecopetrol.

Hay que seguirle dando vueltas a estos temas que apuntan a asuntos urgentes en contravía de los anuncios de Trump de darle prioridad a las inversiones y exportaciones de las grandes corporaciones petroleras de los Estados Unidos: Ya ha dicho que “el futuro es fósil” y que la crisis climática es un invento desechable.

El realismo fósil en la agenda Trump – Petro

Camilo González Posso

Presidente de Indepaz

Bogotá. Marzo de 2026

Algo se ha conocido de lo que Petro le dijo a Trump sobre negocios de petróleo con Venezuela. Se sabe que el presidente de Ecopetrol tuvo oportunidad de decir en la famosa sala oval que Colombia está interesada en hacer fluir gas desde Maracaibo, energía eólica y solar desde La Guajira y comprar la empresa Monómeros Venezolanos que tiene sus instalaciones en Cartagena.

En la lógica de Trump este es un diálogo normal. Todo lo que tenga que ver con el petróleo de Venezuela y con sus activos en el exterior se tiene que hablar primero con Estados Unidos y tener el visto bueno del secretario Marco Rubio, recién nombrado autoridad suprema en el protectorado de Caracas. Después tendrá la palabra Deysi Rodríguez quien, según el nuevo libreto, se encargaría de la letra menuda y de los trámites de rigor.

El negocio del gas es urgente y al mismo tiempo difícil de concretar en pocos años. La demanda de gas viene creciendo en Colombia desde hace décadas y hoy es clave para la industria y el consumo de más de 8 millones de hogares. La sustitución de carbón por gas en las plantas de energía térmica ha tenido en este periodo un efecto positivo en precios y también en disminución de emisiones de gas carbónico, pero ante el freno de las exploraciones y la caída en hallazgos la brecha ha llevado a incrementar las importaciones que en 2025 llegaron al 20% del total de gas demandado. La perspectiva, si se mantiene la actual política, es que en los próximos años crezca la demanda de gas importado y al tiempo se escalen los precios.

Por esto el presidente de Ecopetrol se encargó de poner el tema en la agenda con Trump pues hoy las importaciones de gas proceden en 90% del fracking que hacen en Estado Unidos. Como no se quiere aumentar mucho la exploración y producción de gas en Colombia y la expectativa del pozo Sirius 2 es incierta y para después de 2032, se busca mantener el flujo desde Estados Unidos y reparar antes de 2030 el gasoducto Antonio Ricaute que desde Maracaibo pasa por La Guajira. La emisión neta de CO2 por consumo de gas, nacional más importado, se proyecta al alza y los precios también. Es menor el impacto si en lugar de gas se usara carbón, gasolina o diésel.  No es filosofía de Rafael Pombo, es realismo fósil que merece ser analizado teniendo en cuenta que las reservas de gas en Colombia están estancadas en 6 años con tendencia a la baja y que, según dicen los entendidos, Venezuela está más cerca que Estados Unidos.

Le corresponderá al gobierno que se instala el próximo 7 de agosto acabar de cuadrar esta negociación y organizar bien la matriz.  Venezuela tiene las reservas de gas más grandes en el subcontinente y una de las mayores en el mundo pero concretar la producción y hacer que fluya al exterior depende de las inversiones que autorice Marco Rubio y de lo que ocurra en ese experimento de recolonización. De manera y suerte, que en semejante incertidumbre y con proyección de aumento de precios del gas en Colombia en más del 80% hacia 2027, le corresponde a Colombia buscar y producir más gas y al mismo tiempo lograr un crecimiento del 300% de las energías renovables en el próximo cuatrienio, sin dejar caer la energía hidráulica.

Y esto tiene que ver con el otro negocio que fue mencionado en la conversación Petro – Trump el pasado 3 de febrero. El de la energía limpia para exportar a Venezuela, a todo el Caribe y, porque no, para algún día, si Dios quiere, sacar la energía fósil de la economía de los Estados Unidos. Es cierto que en La Guajira, y sus vecindades en el Caribe colombiano, se tiene un extraordinario potencial para producir más de 12GW de energía eólica y otro tanto en energía solar.

Sobre esto publique cifras y escenarios en un libro con el pomposo título Explosión Solar en Colombia. La realidad es que, si con los proyectos iniciados en 2005 se esperaba tener en 2024 parques eólicos con cerca de 6GW en producción, en la actualidad no hay ni siquiera uno en funcionamiento. En 15 años de malas prácticas no se han logrado superar los problemas técnicos, de interconexión, sociales y de consultas y ahora se agudizan los de orden público. Las multinacionales que se repartieron el territorio para montar los parques ahora están vendiendo sus avances y pululan los avivatos intentando meterle gato por liebre a Ecopetrol.

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