La evolución de la movilización y del paro agrario indica que ha llegado la hora de negociar y ello exige del gobierno el reconocimiento a todos los interlocutores y no solo a los dirigidos por la MNUA que esta calificando de auténticos campesinos. La acusación a los otros sectores de que son agentes de las guerrillas, está llevando a justificar el tratamiento militar y de contraguerrilla a las protestas rurales e incluso en las ciudades. Las consecuencias están a la vista y llevan a recordar las épocas del Estatuto de Seguridad, con detenciones arbitrarias, judicialización masiva de lideres, respuesta con el Ejército a la protesta civil, Estado de Sitio no declarado en algunas regiones.
Este movimiento que ha mostrado su fuerza y la potencialidad de ir a acciones mayores, también requiere propiciar espacios a la concertación de procedimientos y de algunos acuerdos parciales.
Pero para que sea más propicio el ambiente al dialogo y a la negociación, la hora reclama cortar la dinámica de guerra que le está dando el gobierno a las demandas del MIA y del CNA y, del otro lado mantener el movimiento pero controlar de manera estricta cualquier manifestación violenta, espacio para provocadores e incluso suspender los bloqueos en aras de ir a una mesa de negociación.
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Ver todas las entradasPresidente del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz – INDEPAZ. Magister en Economía, Ingeniero Químico. Especialista en Ciencias de la Complejidad. Ministro de Salud de la República de Colombia (1990 – 1992). Docente universitario (1968 – 1996). Firmante del acuerdo para convocar la Asamblea Constituyente (1990). Fundador – Director del Centro de Memoria y Paz. Autor de libros sobre desarrollo, ambiente y paz. Colaborador de negociacones de paz (1984 – 2024)






