La tragedia del cambio climático

por

Natalia Orduz Salinas

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El último informe de la ONU es de veras dramático. Pañitos de agua tibia como compensar las emisiones de carbono no pueden seguir escondiendo el asunto de fondo: hay que dejar de emitir gases de efecto invernadero. ¿Cuál es entonces el papel de Colombia?

El informe

El Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) publicó esta semana el informe sobre las dimensiones y las bases físicas del calentamiento global.

Este informe, escrito por decenas de científicos, entre ellos la colombiana Paola Andrea Arias, da una mirada nítida sobre la causa principal de la crisis climática que vivimos.

El informe se ocupa de cuatro asuntos: el estado actual del clima, los posibles futuros climáticos, la información importante para estudiar los riesgos y permitir la adaptación en distintas regiones, y cómo limitar el cambio climático en el futuro.

El informe deja claro los siguientes puntos:

  1. No hay ni la menor duda de que la crisis climática es culpa de los humanos.
  2. Los cambios climáticos no tienen precedentes y los impactos que ya hemos causado podrían tomar tiempos geológicos para ser revertidos;
  3. El calentamiento global afectará a todas las regiones del planeta de diferentes formas;
  4. Los eventos climáticos extremos, como sequías e inundaciones, se vuelven más frecuentes e intensos a medida que la temperatura es más alta. Además, a mayor calentamiento, menor la proporción de gases que pueden absorber los océanos y las selvas.
  5. Hay una relación directa entre la emisión de gases de efecto invernadero y el calentamiento. El informe dice con contundencia: “cada tonelada de CO2 le suma al calentamiento global”.

Queda clarísimo que, para limitar el calentamiento global a niveles controlables es necesario dejar de emitir gases efecto invernadero en el corto plazo. Como hay una relación entre las emisiones y el calentamiento, es posible calcular cuántos gases podemos emitir en un tiempo dado para evitar un calentamiento superior al que podríamos controlar o incluso sobrevivir.

Gases efecto invernadero

A esta cantidad de gases que podemos emitir sin traspasar el umbral se le llama el “presupuesto de carbono”.

Recordemos que la mayor parte de los gases efecto invernadero provienen de la quema de combustibles fósiles. Tal como dice la Agencia Internacional de Energía, es necesario prescindir de ellos en el menor tiempo posible.

No podemos quemar todo el carbón ni los hidrocarburos que yacen en el subsuelo, porque excederíamos el presupuesto de carbono. En otras palabras, hay que dejar allí la mayor cantidad posible.

Al mismo tiempo, hay que frenar la deforestación y brindar las mejores condiciones de regeneración a los ciclos naturales en todos los rincones del planeta: ellos ayudarán a absorber los gases, como también nos ayudarán a sobrevivir los eventos climáticos extremos.

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El mito de la carbono-neutralidad

Los datos y los escenarios del informe son apabullantes y con esta información podemos tomar varias opciones:

  1. permanecer en estado de negación;
  2. aceptar de mala gana la crisis, pero mamarle gallo a cualquier cambio necesario para enfrentarla, o
  3. tratar la crisis como lo que es y, en esa medida, atacar efectivamente sus causas principales y reorganizar nuestras prioridades políticas, económicas y culturales en torno a este propósito.

El informe ratifica y precisa la información científica que se ha venido construyendo desde hace al menos medio siglo sobre la crisis climática que estamos causando y así, con más contundencia, desecha la opción de la negación.

Una vez aceptada la crisis, es una decisión ética y política si realmente se ataca o no su causa principal: la emisión de gases de efecto invernadero en el corto plazo.

Podemos poner de moda el tema climático, hacer cumbres, promover proyectos ecológicos, crear subdirecciones climáticas en los ministerios y fomentar las energías renovables, pero si no atacamos la causa principal, no escaparemos a las consecuencias catastróficas de la crisis.

Hasta ahora, las decisiones climáticas adoptadas por los países no han traído cambios drásticos ante la quema de combustibles fósiles. Si bien crece el consumo de energías renovables, también aumenta el de las no renovables.

Enfrentar la crisis sin tocar su causa principal es la opción que se esconde bajo el nombre de “carbono-neutralidad”: seguir quemando combustibles fósiles siempre que en otra parte del planeta esas cantidades de gases sean absorbidas o capturadas de alguna manera.

La carbono-neutralidad es un concepto peligroso porque crea la falsa sensación de tranquilidad y control sobre la crisis. Esta estrategia disuade a los gobiernos, a las empresas y a la ciudadanía de comprometerse con los cambios necesarios para enfrentar el problema.

Este concepto es además discutible por las siguientes razones:

  1. Pese a ser un concepto de moda desde hace décadas, la carbono-neutralidad no ha demostrado eficacia para frenar el aumento de la temperatura media del planeta y mucho menos, para reducirla. Como concluye Damian Carrington, con las promesas vagas y distantes de gobiernos y empresas, en vez de acciones efectivas, vamos a reducir las emisiones apenas en un 0,5% a 2030, cuando necesitamos al menos recortar el 45%.
  2. Al mejor estilo de “peco, rezo y empato”, los estímulos económicos para “pecar” son mucho más atractivos que los de “rezar”, de manera que los esfuerzos reales de las compañías van en la primera dirección. Mientras existan incentivos económicos para quemar combustibles fósiles, y esté permitido hacerlo sin ningún límite, los gases seguirán concentrándose en la atmósfera.
  3. La mayoría de los mecanismos de compensación operan por medio de proyectos aislados entre sí, por tiempos limitados, con sistemas dudosos de seguimiento y desconocidos por la ciudadanía. De esta manera se limita a dar la sensación de estar actuando cuando en efecto estos programas desestimulan decisiones integrales de largo plazo.
  4. Las tecnologías de captura de carbono que pretenden almacenar los gases bajo tierra pueden tener efectos dañinos sobre los territorios, las fuentes de agua y la biodiversidad, tal como señala el informe que vengo comentando.
  5. Los mecanismos de compensación, como decir la Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de los bosques (REDD+) no son aceptados por las comunidades que viven en las selvas, quienes, en ocasiones, las perciben como imposición de una ideología de sumas y restas que financializa y fragmenta elementos de sus territorios en contravía de sus cosmovisiones y su autonomía. Comunidades y organizaciones también han denunciado abusos por parte de actores inescrupulosos que trafican con bonos de carbono, engañan a las comunidades, se esconden bajo la confidencialidad de los contratos y traen incentivos perversos para la degradación de selvas.

¿Qué significa esto para Colombia?

Las contribuciones de gases efecto invernadero de Colombia son relativamente bajas en la escala global. La mayoría proviene de la deforestación y los combustibles fósiles que se extraen se queman por fuera.

Sin embargo, tenemos la responsabilidad y la necesidad de actuar con una ética global e integral climática, pues la crisis climática no entiende de fronteras.

Una política climática efectiva debe reconocer al país como uno de los más megadiversos del mundo y actuar en consecuencia: dar prioridad al cuidado de los ecosistemas, pero no para compensar la liberación de gases en otras partes del mundo, sino como una forma real de garantizar suelos, aire, agua y alimento a las futuras generaciones, y condiciones de vida a los seres humanos y no humanos. Esta mirada da prioridad a la vida y no a un sistema tramposo de suma cero.

Un Estado con una política climática efectiva no tiene un Ministerio de Ambiente de adorno con un presupuesto que es apenas una fracción del de Defensa o el de Minas y con una dirección inexperta. Tampoco enfrenta la deforestación con medidas marginales y militares, sino con políticas integrales que brindan oportunidades de vida digna a los habitantes de las selvas y a sus formas sustentables de manejo de ellas.

En una política climática efectiva, quienes cuidan a los ecosistemas, como campesinos, indígenas o afrocolombianos, no deberían estar mendigando en las ciudades o gastando su tiempo en la lucha contra los proyectos depredadores, sino que reciben el apoyo decidido del Estado para cuidar los bienes comunes.

En una política climática efectiva, no tiene cabida la destrucción de ecosistemas para la extracción de combustibles fósiles, especialmente el carbón y los yacimientos no convencionales.

El proyecto de Ley 132 de 2021 del Senado que prohíbe el fracking, presentado por más de 50 Congresistas y coescrito con la Alianza Colombia Libre de Fracking promueve, en ese sentido, un principio y una política de acción climática efectivas.

 Tomado de https://razonpublica.com/wp-content/uploads/2021/08/cambio-climatico-plantea-informe-cambio-Colombia-Natalia-Orduz.jpg

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