Uno de los lemas principales del principal evento ambiental de este gobierno, la
COP16, fue Paz con la Naturaleza. El gobierno impulsó una campaña para reflexionar
sobre el significado de esta consigna y se expidió la Declaración de la Coalición
Mundial por la Paz con la Naturaleza. Aunque allí se popularizó, este lema ya había sido
acuñado en la Ley de Paz Total, en una doble dimensión: como política de Estado y
como elemento clave de las formas de reparación contenidas en los Acuerdos de Paz
y en los términos de sometimiento.
La diferenciación entre estas dos dimensiones permite contemplar la Paz con la
Naturaleza como un principio político orientador de todas las decisiones estatales y de
las políticas públicas en general, por un lado, e incorporar estrategias de reconciliación
con la naturaleza en los esfuerzos de todas las políticas de paz, lo que incluye diálogos
con grupos armados e instrumentos de verdad, justicia y reparación. De esta manera,
la Paz con la Naturaleza no se circunscribe únicamente al ámbito de la política de paz,
sino que es un pacto político con la naturaleza de toda la Nación. Las mesas de
negociación son sólo un instrumento para construir paz con la naturaleza, en la medida
de sus posibilidades y de su legitimidad social; pero no hay que perder de vista que
este es un asunto de interés público de la ciudadanía no armada y del Estado.
Este pequeño ensayo presenta algunos elementos de análisis que se desarrollarán a
lo largo de nuevos textos y episodios del podcast Simbiosis: Paz y Naturaleza. La tesis
principal es que la Paz con la Naturaleza se construye cuando los vínculos no violentos
de reciprocidad e interdependencia entre la sociedad y la naturaleza son, en sí
mismos, objetivos políticos y un bien jurídico que el Estado se propone proteger,
restaurar y recrear. Las economías y culturas que mantienen vínculos de beneficio
recíproco con la naturaleza se priorizan y se apoyan por encima de las que tienen
vínculos destructivos, que socavan la capacidad de la naturaleza para regenerarse y la
de las sociedades para disfrutar de ella y adaptarse a las distintas crisis ecológicas. En
otras palabras, este enfoque convierte el aspecto relacional entre las sociedades y la
naturaleza en un bien jurídico que debe ser protegido. Esta mirada, en las relaciones y
no en entidades aisladas, se ajusta mejor a la noción de interdependencia.
La Paz con la Naturaleza es un elemento esencial de otros propósitos políticos y
sociales que buscan transiciones que dejen atrás épocas y modelos económicos de
apropiación de bienes comunes que alimentan conflictos socioecológicos,
contribuyen a las crisis ecológicas y se ven favorecidos por los conflictos armados. La
Paz con la Naturaleza, que protege los vínculos entre sociedades y naturaleza, también
puede enlazar entre sí las políticas de transición energética y socioecológica, los
modelos de justicia transicional y restaurativa, y, en general, la búsqueda de modelos
postextractivistas en clave de paz.
Este texto se divide en tres partes. En la primera, reflexiona sobre el concepto mismo
de paz con la Naturaleza y propone algunos criterios para su comprensión. En la
segunda, se muestran las implicaciones concretas de estas reflexiones para el diseño
de una política de Estado de Paz con la Naturaleza. Se fundamenta en que la garantía
de los derechos humanos hoy, en tiempos de crisis ecológica, no es posible sin
considerar los vínculos con la naturaleza. En este apartado, se refiere a
pronunciamientos recientes de derecho internacional que fijan nuevos estándares que
relacionan obligaciones ambientales con la garantía de los derechos humanos, y
presenta algunos ejemplos de cómo incorporar este enfoque en algunos temas
gruesos como la transición energética, la minería, el manejo de selvas, el
ordenamiento territorial y los sistemas ancestrales, populares o comunitarios de
conocimiento, uso y manejo de la biodiversidad y otros bienes comunes como el agua.
En la tercera, se centra en la inclusión de la paz con la naturaleza en los ejercicios de
la política de paz. Argumenta que el conflicto armado ha sido funcional a intereses de
apropiación y acaparamiento de bienes comunes, así como a modelos económicos
violentos contra la naturaleza, las comunidades enteras y sus vínculos, en fronteras
difusas entre la ilegalidad y la legalidad. Mientras no se esclarezca la verdad sobre los
modelos de apropiación y no se desmonten las estructuras que los permiten, no es
posible generar procesos restaurativos que transformen las economías locales y
garanticen los derechos y el bienestar de las comunidades. En consecuencia, la paz
con la naturaleza debe mirar al pasado y al futuro.
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