ACERCAMIENTO AL TRÁFICO LOCAL EN EL CAUCA Y LA CRISIS COCALERA

por

Laura Gonzalez

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5am, y en una vereda cerca a Popayán los vecinos se despiertan por el estruendo de varios tiros y los gritos de las muchachas. El amanecedero de turno de nuevo interrumpe su jornada con pelea, herido, llanto y una policía que nunca llega.

El amanecedero es un sitio de rumba que abre sus puertas en la madrugada, cuando los negocios en la ciudad cumplen los horarios permitidos, pero por estar a las afueras gozan de no tener control y se convierten en el lugar donde se “remata la fiesta”. Éste ostenta caballos de paso fino, música de corridos a todo volumen e imágenes de narcos famosos. Se llena de hombres y mujeres con sombreros, que ahora, lejos de ser un símbolo propio de la cultura campesina, se ha transformado en un objeto decorativo para la exhibición de jóvenes que trabajan para el narcotráfico. Estos jóvenes vienen desde Argelia, Balboa, el Tambo, Mercaderes, el cañón del Micay… y se instalan en Popayán, la capital del departamento del Cauca, desde donde atienden los negocios que tienen en sus municipios, y que intercalan entre actividades legales e ilegales, y van llenando estos locales donde la estética mexicana es la tendencia de moda.

Esta dinámica dual entre la legalidad y la ilegalidad se ha convertido en un estilo de vida que camufla las actividades económicas de los actuales narcos, y dificulta hacerles un seguimiento oficial: “he conocido personas que tienen una vida totalmente legal, por ejemplo un camionero, y ese camionero tiene dinero en coca si la coca está a buen precio, si la marihuana está a mejor precio, tiene dinero en la marihuana, y si la minería está a buen precio, tiene dinero en la minería, pero él lleva una vida como camionero… él pone el dinero donde le esté dando, a él no le importa si es narcotráfico o minería, lo importante es que la plata le dé… así son muchos de los narcotraficantes de hoy en día…”

En los últimos años ha habido un cambio en las estructuras del narcotráfico y especialmente en las del microtráfico. Hace dos décadas el mayor objetivo del mercado era sacar la producción al extranjero, la droga tiene un precio en Colombia, pero otro mucho mayor puesta en EEUU o Europa y el consumo interno no era un mercado tan atractivo, pero debido a los controles militares y la inversión extranjera en la guerra antinarcóticos, la mirada hacia el interior del país cobró importancia por la menor persecución y la rentabilidad del tráfico local que no es nada despreciable.

Con la captura de los grandes narcos, los carteles que tenían el monopolio del narcotráfico se fueron dispersando y el negocio de exportación de droga se transformó en lo que en su momento el capitán Naranjo llamó los “baby carteles”. La distribución de la droga al interior del país, por otra parte, quedó a cargo de los narcotraficantes o grupos armados relacionados con el microtráfico, quienes tercerizan muchas de sus actividades criminales, pactando con la gente que tiene el control de la delincuencia en determinadas zonas urbanas, quienes aprovechan e invierten en un negocio que ya está dando:

 “Por ejemplo, si quieren asesinar a alguien busca a la oficina de sicarios, si quiere tráfico local busca quien le compre para que lo distribuya localmente, y ese busca sus jíbaros… el narcotráfico como empresa criminal no tiene la capacidad de hacer todo, entonces terceriza… ya hay una estructura criminal con división de tareas, y en cada una de ellas hay un lucro diferente… el jibaro es un consumidor que a veces ni duerme y cuando llega alguien a comprar él vende y le pagan con su propio consumo”.  

La mercancía que se moviliza hacía las ciudades capitales en el interior del país se ha convertido además en una problemática municipal, la droga se mueve sólo en ciertas cantidades y por trayectos cortos para ser resguardan en centros de acopio, sitios que se vuelven invisibles para el control como una casa rural en un municipio intermedio, cerca de un casco poblado, y estos terminan siendo algunos de los centros de mayor microtráfico: “para toda la zona sur, lo que baja de Argelia, Balboa, la cordillera patiana donde estuvo asentado el octavo frente, que ahora está la Carlos Patiño, tienen un centro de acopio que es el Bordo, del Bordo llega a Timbío, de Timbío Santader de Quilichao y de Santader a Cali, pero en todos los sitios que utilizan para transbordo, para mover la droga, ahí se quedan cosas en el tráfico local”.

Las rutas dependen del producto, por ejemplo, la coca de Argelia, Tambo y Patía que va al extranjero es bajada por el cañón del Río Micay a la costa pacífica. La que sale del norte del Cauca la sacan por el Naya (Morales, Suarez, Buenos Aires o Jamundí). La marihuana que va a Bogotá es transportada por el huila, por las dos vías que se comunican en el llamado triángulo de la marihuana: Miranda, Corinto, Caloto y Toribio que comunica con Jambaló, Silvia, Totoró e Inza, vía a La Plata – Huila, y Coconuco tiene la vía a Paletará – Iznos, de esta manera no necesariamente recorren la vía panamericana y evitan pasar los controles policiales.

Por otra parte, existe una actual crisis cocalera que ha generado una asfixia financiera en los territorios del Cañon del Micay – sur occidente caucano, donde el cultivo de la coca es el eje de gran parte de la economía campesina. La cosecha lleva unos meses quedándose estancada porque no hay dinero para la compra de la hoja de coca, ha bajado el precio del pago a jornaleros y ha aumentado el impuestos de la coca, no hay expansión de los sembrados y los grupos armados que hacen presencia en las zonas controlan precios, rutas, jornales, oferta y demanda: “Lo cierto es que hay hoja de coca sin recogerse, desbandada de raspachines que no encuentran trabajo porque ahora el valor del raspado ha bajado… ahora raspar una arroba de coca está en 12 mil pesos, eso que una persona que recoja 5 se está ganando 60 mil pesos, y antes estaba más o menos en 200 mil- 250mil pesos… se cometan que los acuerdos se están haciendo al fiado, o sea que los campesinos no están recibiendo dinero en efectivo al momento de la entrega de las hojas, sino cuando el que recoja la hoja tenga el dinero… esto ha implicado también unos arreglos en las zonas, cosechas sectorizadas, primero unas veredas, después otras… esto tiene relación con la disputa de la Nueva Marquetalia y el Eln de las mismas zonas porque todos están cobrando sobre lo mismo…”

Entre las hipótesis que se plantean para entender la esta crisis financiera y económica sin precedentes, están los efectos del cambio de cúpula militar que hace que la cadena de custodia se interrumpa en los circuitos ilegales, como las rutas al puerto y las rutas por donde se mueve el efectivo. Otra tendría que ver con los controles del Pacífico, como la caída de toneladas de mercancía (narcovacas), que involucran mucho capital. Además, el cierre de la carretera panamericana por el derrumbe en enero de este año, que dejó incomunicado al sur de país, impidiendo la libre movilización de insumos y mercancía. Por otra parte, se habla del cambio de la cúpula de mando extrajera que ha descentralizado el tema de producción, transformación y comercialización de la cocaína, dejando esta última fase, que es la más rentable, en manos de extranjeros que se llevan la mayor ganancia, modificando la actividad económica de los territorios.

Esta crisis es agravada por las dinámicas del narcotráfico que han afectado los tratados culturales colaborativos de la economía campesina en la región, e impuesto la concepción de la agricultura del monocultivo dependiente de fertilizantes y pesticidas. “Hay lugares muy pobres, sin agua, llenos de coca… jóvenes que usan pesticidas sin protección, tendrán muchas enfermedades en poco tiempo…”  y los grupos armados siguen disputando el control social y haciendo esfuerzos contradictorios en una precaria promoción de seguridad alimentaria para transitar la sustitución temporal por la coyuntura, pero la presencia integral del estado en políticas reales de sustitución no se ha visto materializada, no hay propuesta clara que implique inversión en espacios rulares, industrialización o articulación a mercados. “Mientras eso ocurra la coca va a estar ahí, por ahora puede que hagan sustitución por la crisis, hasta que vuelva a ser rentable la coca. En conclusión, la región está a la expectativa… se siguen cayendo los precios y hay que reaccionar de inmediato, tenemos la expectativa de recuperar un campesinado, eso se puede hacer… pero no hay plan de choque…”

Desde los territorios caucanos hay nuevas narrativas sociales sobre lo indispensable de replantear la problemática con una visión no homogenizada por las complejidades culturales, sociales y políticas, que no permiten plantear las mismas reformas para todo el territorio.

Mientras no exista una solución integral urgente, con apuestas estructurales, políticas de sustitución, inversión en salud, educación e industria y organizaciones campesinas llenando los estantes con productos de la región, no se podrá hablar de una real implementación de los acuerdos de paz.

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