Parte 1. Recuerdos de un parto difícil. La firma en Cartagena – Camilo González Posso

por

Camilo Gonzalez Posso

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Hace diez años se firmó en La Habana y en Cartagena el Acuerdo Final para la Terminación

del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera. El 26 de septiembre de

2016, el presidente Juan Manuel Santos y el comandante de las FARC-EP, Rodrigo

Londoño, suscribieron el texto en Cartagena, en una ceremonia multitudinaria que simbolizó

el cierre de casi cuatro años de negociaciones desarrolladas en La Habana.

El acto contó con la presencia de quince jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos Raúl

Castro, el rey emérito Juan Carlos I de España, Michelle Bachelet, Mauricio Macri, Rafael

Correa y Evo Morales. Asistieron también el secretario general de las Naciones Unidas,

altos representantes de la Unión Europea, delegaciones diplomáticas de decenas de

países, así como congresistas, dirigentes políticos y representantes de las organizaciones

que habían respaldado la reelección de Santos con el propósito de culminar las

conversaciones de paz.

A quienes asistíamos en representación de Indepaz nos correspondió una ubicación

singular: quedamos sentados junto al hermano de Simón Trinidad y a un hijo de Jorge 40.

Esa proximidad, impensable años atrás, era también una expresión de las paradojas de un

proceso que buscaba transformar una confrontación armada en un escenario de

negociación política.

Como recuerdo de aquel momento histórico conservo todavía uno de los estilógrafos

elaborados con la vainilla de un proyectil de fusil, idéntico al utilizado para la firma del

Acuerdo. Más que un objeto conmemorativo, representa la aspiración de convertir un

instrumento de guerra en un instrumento para escribir la paz.

Todo fue abrazos, aplausos y cantos aquel día. Solo hubo un instante de desconcierto

cuando, en el momento culminante de la ceremonia, el estruendo de varios aviones de

combate rompió el ambiente festivo. Volaron a baja altura, casi rozando las cúpulas de

Cartagena, y pasaron sobre la tarima principal. Timochenko levantó la vista y se agachó

instintivamente, como sorprendido por un reflejo de la guerra que se resistía a desaparecer.

El silencio duró apenas unos segundos. El maestro de ceremonias explicó de inmediato que

el sobrevuelo era un saludo de la Fuerza Aérea a la paz que acababa de firmarse y la

celebración continuó.

Sigue ……

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