¡HAY QUÉ TRAERLOS VIVOS!

por

Indepaz

Escribe el Arzobispo de Cali:
 
“Invito, a quienes promueven movilizaciones “en contra de las FARC“ a revisar los presupuestos y contenidos de esa convocatoria… Centremos nuestras luchas en TRAER VIVOS A LOS SECUESTRADOS. Y que el Estado y la sociedad y la comunidad internacional  asumamos y hagamos lo que ES NUESTRA RESPONSABILIDAD.”
 
 
La infinita frustración que nos sigue dejando el manejo gubernamental de la situación de los secuestrados, enmarcándola en estrategias de debilitamiento y exterminio del adversario, hay que cambiarla ahora en esperanza cierta de libertad, centrando todo el interés, no en la guerrilla, sino en la vida de estos servidores del Estado y en el sufrimiento de sus familias. Aunque suene duro, hay que distinguir su condición de militares y policías de esa solidaridad de cuerpo que mezcla lo humanitario con lo estratégico y hace que toda lucha por su liberación sea absorbida por un frente común e ideológico: todos y todo contra las FARC.  Este enfoque se convierte en la SENTENCIA A MUERTE, al menos dentro de la fatídica y horripilante “ruleta rusa”,  a ese grupo adolorido de secuestrados y familias suyas que constituyen  el símbolo adolorido de la impotencia de un país entero y la inhumanidad de una lucha imposible. ESE SÍMBOLO PATRIO es fundamental para la que parece imposible reconciliación entre los colombianos y la sanación de una memoria envejecida y endurecida en la crueldad de lado y lado. HAY QUE PRESERVAR ESA LUZ DE CONSOLACIÓN Y ESPERANZA, abriendo UN INMEDIATO ACUERDO HUMANITARIO que asegure el desenlace a favor de la vida y del retorno. Centrar la atención en las víctimas y no en los victimarios es lo que debe hacer un Estado fortalecido y armado hasta los tuétanos de tecnología, cuya seguridad y estabilidad no corren ni el más mínimo riesgo por dar este paso.
 
¿Por qué no trajeron vivo, por ejemplo, a Alfonso Cano, cuando se dieron todas las condiciones de desproporción absoluta y de sometimiento y reducción a cero de un hombre de más de sesenta años, herido, ciego, sólo? ¿Porqué encapsular la lucha anti-guerrillera en ese marco de traer muertos a los cabecillas, sin agotar el marco ético de la no pena de muerte, de la captura como objetivo legal? Otro sería el escenario para los secuestrados y para las posibilidades de ponerle fin a este interminable y desastroso conflicto. Con todo respeto, invito al gobierno y a la sociedad a revisar si este esquema de “cortar la cabeza de la culebra”, tan agresivo y letal,  no obstante el cúmulo de muertes que hay entre un jefe y otro, de Reyes a Cano, por parte de soldados, policías, civiles y guerrilleros.  ¿No está peligrosamente centrado en esa relativización del homicidio y no en la primacía del derecho a la vida, en la primacía de la vida de nuestros secuestrados, en la primacía  de “cerrar heridas y abrir puertas”? RELATIVIZAR EL HOMICIDIO HA SIDO EL CÁNCER DE NUESTRA CULTURA INCOHERENTE FRENTE A LA VIDA HUMANA.
 
Invito, en consecuencia, a quienes promueven movilizaciones “en contra de las FARC “a revisar los presupuestos y contenidos de esa convocatoria. Es inútil intentar poner toda la responsabilidad en esa organización, olvidando que su naturaleza criminal,  su terquedad ideológica y su situación de acorralamiento  los hace incapaces de respondernos como esperaríamos. No hay sujeto civilista,  no hay sujeto de responsabilidad humanitaria en las FARC. Tenemos que serlo nosotros, el Estado y la sociedad que nos consideramos democráticos y civilistas. Centremos nuestras luchas en TRAER VIVOS A LOS SECUESTRADOS. Y que el Estado y la sociedad y la comunidad internacional  asumamos y hagamos lo que ES NUESTRA RESPONSABILIDAD.
 
+Darío de Jesús Monsalve Mejía, Arzobispo de Cali.

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