Siete propuestas anticorrupción y cero escenario pos-acuerdos.

por

Henry Caballero Fula

En su ánimo de posicionar sus pasos para la transformación política del país (consulta contra la corrupción, llevar gente buena al Congreso de la República, ganar la presidencia de la República), la precandidata Claudia López está mostrando un maniqueísmo poco esperable en una persona que como investigadora nos acostumbró a importantes aportes.

Me refiero a la entrevista que la candidata dio en el Facebook-line del periódico “El Tiempo”, que luego ha circulado, de manera corta y editada, por whatsApp. Es de tener en cuenta que la edición hace aparecer sus ideas mucho más extremas ya que une de manera descontextualizada la respuesta a dos preguntas distintas hechas una al comienzo y otra al final del programa; sin embargo, tampoco se puede desconocer que las frases se dijeron y es con base en ellas que quiero dar mi opinión. Dichas frases son:

“No, no; adiós a las FARC, gracias… Las FARC son una minoría despreciable: qué vayan a responderle a las víctimas..”

“Yo sé dar órdenes, sé tener una visión y dar liderazgo, por ejemplo: yo creo que la mesa con el ELN debe suspenderse.. la mesa con el ELN está siendo un fracaso, ¿por qué? Porque la Fuerza Pública no ha sido capaz de mostrar resultados contundentes contra el ELN, la mesa con las FARC solo fue posible y la negociación con las FARC solo fue exitosa cuando los guerrilleros se dejaron de morir de viejos y cuando la Fuerza Pública demostró que era capaz de darlos en combate legítimos fuera de combate, eso no hemos sido capaces de hacerlo con el ELN, no hay un solo miembro del COCE que hayamos logrado capturar o dar de baja en un combate legítimo..”

Como quien dice, ya no hay guerra, ahora dediquémonos a construir un nuevo país, siendo la corrupción el principal obstáculo a vencer; aunque al final remata diciendo que la guerra con el ELN se debe intensificar, tal vez considerando que esta respuesta será algo marginal en la dinámica del país, que no lo va a despistar del obstáculo señalado.

Veo que Claudia López que en su momento denunció cómo la corrupción en el país está ligada de manera directa con el fenómeno paramilitar, mostrando cómo en varias regiones y momentos del país no se puede entender la una sin el otro, ahora pretende desligar ambos fenómenos, planteando que la lucha contra la corrupción es meramente un aspecto de técnica contractual, legal y electoral.

Pienso que sí no se da a la corrupción un enfoque sociológico e histórico, vano será cualquier esfuerzo y lucha contra la misma. Acaso no se basa la misma en el patrimonialismo y gamonalismo de la tradicional clase dirigente que partiendo de sectores oligárquicos y rentistas ha considerado el país como su gran hacienda con la cual se puede hacer lo que se quiera; en donde la democracia no es más que la fiesta en la que los peones vitorean las hazañas de sus patrones. Tradiciones que se ven reforzadas con grupos emergentes desde el narcotráfico, la minería, los comodities y la privatización que piden pista para tener un pedazo del patrimonio del Estado por su apropiación (expropiación) particular e ilegal.

Conflicto armado y corrupción se han complementado no solo en el manejo de recursos sino porque uno y otra han hecho imposible el funcionamiento del Estado social de derecho, convirtiéndose la segunda en justificante política del primero; a su vez, el escenario del conflicto armado ha sido propicio para la impunidad y el amedrentamiento que permiten que la corrupción se repita y retroalimente de manera constante.

Pensar que el cierre adecuado del conflicto armado es solo el desarme de las FARC y la derrota del ELN es ignorar sus causas y las raíces que el mismo ha entretejido con el resto de realidad colombiana; es olvidar que en el conflicto armado los únicos actores no han sido estos grupos sino que ha habido otros como el paramilitarismo y que, el mismo Estado se ha des-configurado a través de su acción contrainsurgente, siendo todo ello transversalizado por intereses de sectores políticos, económicos y sociales. Terminar el conflicto armado va más allá de no contar en la realidad con FARC y ELN; implica acabar con la regularización de la violencia como manera de resolver las diferencias, escenario en el cual la corrupción no es más que una particularidad del principio político que reclama que “el fin justifica los medios”.

No podemos desconocer ni subvalorar la etapa de posacuerdo, ya que ésta responde a la necesidad del país de mirarse a sí mismo y de realizar una sanación de las heridas dejadas durante más de cincuenta años de guerra; conocer la verdad de lo sucedido, garantizar justicia y reparación a las víctimas, creando además todas las condiciones para la no repetición de las infracciones al DIH y las violaciones a los derechos humanos. Si bien queremos salirnos de la bipolaridad en que nos quieren colocar el santismo y el uribismo, ello no puede llevarnos a esconder la cabeza como el avestruz y no ver la dimensión de las tareas y esfuerzos que tenemos que hacer para terminar definitivamente la guerra y construir ese país respetuoso de los derechos humanos, de lo público y del bien común.

El adecuado cierre del conflicto armado no se logra sí desde sectores denominados progresistas o incluso de centro (de verdad) se etiqueta a las FARC como minoría despreciable; ello nos aleja del camino de la reconciliación. No puede ser despreciable que un grupo haya decidido dejar la guerra y trabajar por la construcción de la paz; no puede ser despreciable el acuerdo logrado. Es completamente legítimo que el centro político que pretende construir Claudia López, en conjunto con Fajardo, Navarro y Robledo, no haga alianza con las FARC ni se sienta mínimamente cercano a ellas; pero la participación política que tendrá este grupo, la cual hemos defendido quienes apoyamos el acuerdo de paz, implica unas normas de respeto con estos contradictores. Tampoco es buen piso para la etapa de posacuerdo pensar que el tema de las víctimas es un asunto exclusivo entre las FARC y las mismas, ya que por un lado no han sido los únicos victimarios y por otro lado éste es un asunto de todos los colombianos y particularmente, con mayor razón, de quienes pretenden encabezar el manejo del Estado.

No es entendible cómo desde este grupo de centro, en este caso representado por Claudia López, se esté declarando fracasado el diálogo con el ELN y asumiendo desde su hipotética presidencia, a más de año y medio de distancia de su posible inicio, un rompimiento de dicho proceso. Este sector que ha declarado públicamente su compromiso con la búsqueda de salidas políticas al conflicto armado debe reflexionar a fondo sobre la pertinencia de llegar a un buen término de este proceso con el ELN, como complemento necesario al acuerdo ya logrado con las FARC. Claro que ello no implica estar de acuerdo con todo lo que se esté presentando en el manejo del proceso, pero tampoco tiene lógica tirar todo a la basura ante los vaivenes del mismo.

Como su posición respecto al proceso con el ELN la dio Claudia López como prueba de que ella si tiene carácter y don de mando, sería bueno que la candidata tuviera en cuenta que el carácter de un político se mide mostrando la consistencia y permanencia en sus posiciones y no por la variación permanente en las mismas acorde con los resultados de las encuestas de opinión; de no ser que este centro político también quiera jalarle a la pos-verdad.

Henry Caballero Fula.

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